Al principio le cuesta soltar las palabras. Da la impresión de que no se anima a contar todo lo que sabe. Pero de a poco se va soltando y empieza a enumerar las agresiones que soporta ese espacio que él debe cuidar. Y sostiene que los meses en los que más sufre la plaza Urquiza son los del período lectivo. Carlos Muñoz es placero (se define a sí mismo como "guardián") desde que ese paseo fue reinagurado. "Los que más daño hacen son los chicos de los colegios: se paran en los bancos, los graffitean. Y hay muchas peleas. Las banditas de las distintas escuelas se enfrentan y el campo de batalla es la plaza. Incluso, una vez tuvimos que sacar a unas chicas a las que les estaban pegando. No es raro ver chicos lastimados", relata y agrega que en muchas ocasiones deben recurrir a la Policía.
Carlos habla al lado de un cartel que está en el suelo, junto a los juegos infantiles. "La otra noche alguien lo arrancó. Y no es fácil hacer algo así", destaca. "Pero cuando las ganas de hacer daño son grandes, parece que no hay obstáculos".